Las sorpresas… incentivando el crecimiento

Las sorpresas nos traen tanto algo deseado como algo repudiado… Rompen el control…

Las sorpresas generalmente son vistas desde un punto de vista muy romántico (un regalo, una fiesta, un detalle, etc.) o desde una tragedia (los accidentes, lo inesperado e insólito).  Pero lo que tiene en común en todas las circunstancias es que esta fuera de nuestro control.

Las sorpresas nos llegan y despiertan la capacidad para adaptarnos…

Es un hecho que la sorpresa rompe nuestra ilusión de control sobre la vida. Pero las sorpresas nos llegan como truenos o como pequeños cambios de electricidad… sin pedirlos, sin llamarlos y muchas veces sin quererlos.

La capacidad adaptativa se ve manifestada gracias a la  capacidad para el cambio. Las sorpresas reflejan esta capacidad y si la acogemos podemos crecer en esta misma capacidad… como quien entrena para un deporte. Si nos acostumbramos a hacer las cosas de una sola manera y no entrenamos para ensayar diferentes posibilidades, es posible que garanticemos nuestra perdida.

Las sorpresas ponen a prueba nuestra capacidad para frustrarnos…

Junto con la habilidad para adaptarnos viene también la capacidad para la frustración. Al tener que lidiar con lo que no esperamos también tenemos que dejar atrás las expectativas sobre “lo que nos hubiera gustado”, o “lo que deseamos”.

Por ultimo, la sorpresa manifiesta la propia identidad. Cuando nos sorprenden reflejamos nuestra naturaleza… somos auténticos. Esto es porque la sorpresa no nos deja jugar los roles preestablecidos o ser lo que los otros esperan… Piden una inmediatez que no puede perder tiempo en montar nuestro “teatro cotidiano” y piden una energía que no puede ser desperdiciada por el rol o papel que normalmente desempeñamos.

Frente a la sorpresa mostramos quien esta detrás de la mascara…

Es entonces la sorpresa un incentivo para crecer en la propia capacidad adaptativa, de frustración y para ser auténtico. Sea pues este el incentivo para recibir las sorpresas con manos abiertas.

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