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Un espacio para nuestros estudiantes y un comentario del docente.

LA FORMACION HUMANA DEL RELIGIOSO (A): EL APORTE DE LA PSICOLOGÍA. (PARTE 1)

Un aporte de H. Amelia Camarena Carranza, Estudiante en el CIEP

Quiero abordar este tema de la formación porque para mí es básico tener claridad y apertura a los  cambios constantes que hay en la formación humana del religioso (a), para juntos podamos crecer de forma auténtica y

Formar para la vida religiosa es saber formar en convicciones
Formar para la vida religiosa es saber formar en convicciones

 

  • Comunidades con “sistema abierto” facilita la formación armónica:

Una mayor plenitud en el crecimiento humano se logra en un ambiente que facilite, en cada momento, la expresión honesta y directa de las personas que forman la comunidad, tanto en la vida rutinaria como en acontecimientos más especiales.

En un ambiente de respeto por las diferencias y originalidades, de igualdad de poder y de valor, las personas desarrollan lo mejor de sí mismas, en la certeza que cada uno vale por ser quien es.

Un grupo en el que se van asumiendo las diversas tareas y funciones corresponsablemente, permite que todos puedan alcanzar los cambios deseables, con ritmos diferentes y personales, con la seguridad de que ninguno es mejor que el otro y de que lo importante es el logro de metas propuestas.

En este clima de corresponsabilidad, en equipo, se evita que el peso de la tarea formadora se centre exclusivamente en una sola persona, la del formador (a) y por lo tanto, el riesgo de generar en los jóvenes dependencias y conductas regresivas infantiles o de cierta competitividad por lograr el aprecio y la atención del formador (a). La tarea es la de animar a los responsables, delegar tareas, supervisar, velar por un proyecto común.

En este clima de corresponsabilidad, en equipo, se evita que el peso de la tarea formadora...
En este clima de corresponsabilidad, en equipo, se evita que el peso de la tarea formadora…

La organización de un sistema de corresponsabilidad se va estructurando con el aporte de algunos elementos, como:

Tiempo de escucha, “mensajes yo”. Más que referirse a un tú, hablar desde sí mismo (a), con responsabilidad, comunicación asertiva, estimular lo positivo, con palabras y gestos; con espacios de acogida; con mensajes claros, no ambivalentes ni de doble vínculo (cuando se dice una cosa y se expresa corporalmente los contrario).

En cuanto a las normas se busca que ellas sean;

Las mínimas necesarias, generada con participación  de todos; de límites claros, flexibilidad, se pueden cambiar, porque están al servicio de todos.                    

Un clima que garantice la confianza,  por ejemplo:

Manejo del secreto, espacios de escucha, no al rumor ni a la crítica destructiva, confidencialidad respetuosa, expresión abierta de los afectos.

Un clima que garantice la confianza,  por ejemplo en el manejo del secreto
Un clima que garantice la confianza, por ejemplo en el manejo del secreto

Una relación de ayuda:

No interpretativa, no interrogativa evaluadora, no moralizadora, fundamentalmente empática, que saber acoger, que resuena interiormente, que comprende el fondo del sentimiento, que apoya con signos y claves, que abre redes de apoyo, que estimule los éxitos en las tareas de cambio, que acompañe los pasos graduales.

 

  • Potenciar el conocimiento personal, la aceptación de sí mismo y una adecuada autoestima:

El proceso de acompañamiento formativo se orienta a aumentar el conocimiento de sí mismo en la joven, esto implica conocer sus cualidades y defectos, capacidades intelectuales, destrezas y habilidades sociales, sus formas de comprometerse con el dolor y necesidades del otro, su ser sociable, etc. El  o Ella no sólo identificarán sus rasgos más propios. Además, tomarán conciencia de que ellos se han desplegado a lo largo de un proceso que no termina, en el cual han ido creciendo en autonomía, responsabilidad y libertad, llegando a reconocerse como únicos y distintos.

La mayoría de los jóvenes ingresa a la vida religiosa con una frágil noción de sí mismos, demasiado atentos a sus defectos y muy autocríticos e inseguros. La experiencia familiar, mayoritariamente, se centra en la crítica negativa, en las comparaciones descalificadoras, en la propuesta de modelos idealizados o de normas de alta exigencia y rigidez.

En estos casos, reeducar una actitud de auto aceptación requiere que en las relaciones comunitarias se viva un clima que facilite el reconocimiento positivo, la valoración de los cambios y éxitos, la aceptación de las dificultades y conflictos, habituales en el camino hacia la madurez.

Algunos signos de madurez son:

Sentirse valiosos como cualquier persona, confiar en sí mismos, en las propias ideas, sentimientos, impulsos y corporalidad, permitirse una expresión sin temor, sentir y saber que puede y debe fallar, que la riqueza del cambio personal surge  de los conflictos. Facilitarse a sí mismo un tiempo de espera, de paciencia con las fragilidades, pues la ansiedad y el apremio por los cambios mantienen el conflicto. Cortar así la autocrítica, las culpas, el descontento, la rabia, que si se dan en exceso o en forma continua, conducen al desánimo, a la desilusión, al hábito de juzgarse y juzgar a los otros, enraizándose un estado llamado “desesperanza”.

(Continuará…)